Los árboles se mueven, cada vez más fuerte, sus hojas vuelan arrancadas por el viento que se las lleva, sólo quiere alguien que le acompañe en su travesía, pero se les atraganta. Se escuchan los quejidos del mismo, cada vez más fuerte, como el llanto de un bebé, de un ser sin consuelo, hasta que al final él mismo explota, da paso al huracán una de sus formas más temidas, capaz de arrasar ciudades enteras, de arrancar vida en menos de un segundo, de destruirlo todo.
Y cuando todo llega a su fin, cuando por fin a cesado su rabia, parece que su dolor se ha calmado, se da cuenta que su mayor temor ha regresado, lo ha vuelto a hacer, ha hecho daño y vuelve a estar sólo en su viaje sin fin...