miércoles, 6 de julio de 2011
El frío de la noche le caló en los huesos, hasta lo más profundo. Ella notó como se le helaban las venas, como al circular la sangre le dolía. Aunque a ella le parecía estar ardiendo, y sentir en cada lágrima que derramaba como se le helaba un poco más la cara, como su corazón se iba enfriando. Al sentirse tan sola, de tener con quien hablar, ella siempre fue un hombro en el que apoyarse, pero ¿Dónde se apoyan esos hombros? Nadie podía adentrarse con ella en sus frías penas, se helaban y preferían marchar antes de encontrar un lugar cálido en el que refugiarse, y es que ¿cómo te sientes cuando solo te acompaña la música, y solo tu almohada es tu refugio? Pensó. Necesitaba tanto un cálido abrazo, un simple beso en la mejilla que le pusiera la piel a flor de miel.
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