Las ganas de vivir de un niño, las ganas de conocer, de saber, de crecer, de ver que hay más allá del horizonte, su sonrisa por nada, su felicidad son incomparables. El hacer que un niño sonría es tan simple y bonito, te llena de alegría los días y te da un rayo de luz entre tanta tiniebla.
miércoles, 26 de octubre de 2011
Una sonrisa
Recuerda aquellos años en los que no importaba nada, donde la vida que pasaba era efímera. Donde corría millones de aventuras, cuando tu preocupación era tener esa carta "pokemón", soñabas con crecer y ponerte los tacones de mamá, que vestías elegante e ibas a trabajar, lo que más deseabas era poder conducir. Y lo recreabas en tus juegos de muñecas. Jugabas a que una palmera un barco que navegar, y que otros navíos te atacaban y te tenias que defender lanzando "bombas" (que en realidad solo eran pequeñas bolas de papel ).
viernes, 21 de octubre de 2011

Cada noche salía a pasear por el frondoso bosque de Saryer, para admirar los viejos espiritus que habitan en los Sauces, susurrando palabras en la noche y acariciando con sus hojas la brisa nocturna, acompañada de un olor a tranquilidad y serenidad que se disfrutaba como cada noche. Le ayudaba a pensar en problemas y como arreglarlos, recordar cosas ya pasadas, de ese mismo día y de años atrás.
Siempre seguía el mismo camino, el Sendero de Cristal, es su preferido, el más bonito para ella. Es un camino tan bello, repleto de Saúces de hojas y troncos blancos que iluminan en la oscura noche el camino que se abre bajo el estrellado cielo. Después puedes ver como los sauces comienzan a abrirse para dejarle espacio a un gran lago, donde se refleja la luna, donde las ninfa juegan bajo él con las algas y criaturas del agua. "Es mágico" piensa.
Nunca había nadie en ese Sendero, había muchas leyendas sobre él, todas falsas. Ella pasaba allí noche si, noche también y nunca había ocurrido nada, pero mejor para ella, nadie la molestaría en su inquebrantable tranquilidad. No hacía murmullo nada, todo parecía quedar en silencio para ella, incluso la cascada que se podía observar al fondo a la derecha, los peces dormian en la noche y parecía que el tiempo pereciese en cada pestañeo de sus ojos.
Poco a poco toda aquella oscuridad se iba y dejaba paso al admirado Sol, que poco a poco en su resplandeciente amanecer hacía brillar a las hojas de un tono anaranjado, las cuales parecian bailar una hermosa danza cada mañana para dar gracias al Sol. Ella se levantaba antes de que terminase de amenecer para salir de aquel bosque.
Lo cierto es que se pasaria allí días y noches, pero prefiere salir temprano para que nadie sepa de aquel lugar, más allá de las leyendas.
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