viernes, 21 de octubre de 2011


Cada noche salía a pasear por el frondoso bosque de Saryer, para admirar los viejos espiritus que habitan en los Sauces, susurrando palabras en la noche y acariciando con sus hojas la brisa nocturna, acompañada de un olor a tranquilidad y serenidad que se disfrutaba como cada noche. Le ayudaba a pensar en problemas y como arreglarlos, recordar cosas ya pasadas, de ese mismo día y de años atrás.

Siempre seguía el mismo camino, el Sendero de Cristal, es su preferido, el más bonito para ella. Es un camino tan bello, repleto de Saúces de hojas y troncos blancos que iluminan en la oscura noche el camino que se abre bajo el estrellado cielo. Después puedes ver como los sauces comienzan a abrirse para dejarle espacio a un gran lago, donde se refleja la luna, donde las ninfa juegan bajo él con las algas y criaturas del agua. "Es mágico" piensa.

Nunca había nadie en ese Sendero, había muchas leyendas sobre él, todas falsas. Ella pasaba allí noche si, noche también y nunca había ocurrido nada, pero mejor para ella, nadie la molestaría en su inquebrantable tranquilidad. No hacía murmullo nada, todo parecía quedar en silencio para ella, incluso la cascada que se podía observar al fondo a la derecha, los peces dormian en la noche y parecía que el tiempo pereciese en cada pestañeo de sus ojos.

Poco a poco toda aquella oscuridad se iba y dejaba paso al admirado Sol, que poco a poco en su resplandeciente amanecer hacía brillar a las hojas de un tono anaranjado, las cuales parecian bailar una hermosa danza cada mañana para dar gracias al Sol. Ella se levantaba antes de que terminase de amenecer para salir de aquel bosque.

Lo cierto es que se pasaria allí días y noches, pero prefiere salir temprano para que nadie sepa de aquel lugar, más allá de las leyendas.

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